lunes, 16 de octubre de 2017

tema 3

Errores comunes a la hora de educar a los niños

1. Ser un mal ejemplo: los padres son los referentes y los modelos a seguir de los niños. Resulta incongruente pedir al niño que no insulte, que sea paciente, que respete a los demás o que comparta si los progenitores no siguen esas mismas reglas.

2. Sobreproteger: es uno de los errores más comunes hoy en día. Los padres no sólo asumen las tareas y responsabilidades de sus hijos, sino que además evitan que se frustren y resuelven sus problemas. Proteger en exceso sólo consigue que el niño no desarrolle las habilidades necesarias para resolver sus problemas.

3. No poner normas y límites: los niños necesitan normas en su educación para saber cómo actuar, para protegerse del peligro, para no convertirse en niños tiranos, apáticos o pasivos. Crear un modelo educativo a tiempo, desde la infancia, es fundamental en la educación de los hijos.

4. Gritar a los niños: modelos educativos heredados, estrés o la falta de recursos pedagógicos lleva a muchos padres a perder los nervios y gritar a los hijos. Cuando la situación es habitual lo único que ocurrirá es que el niño se acostumbrará y ya no tendrá efecto, le causará baja autoestima, estará más nervioso y además tenderá a tener actitudes agresivas.

5. Castigar mal: se suele castigar con gritos o de una manera desproporcionada al comportamiento del niño. Los expertos indican que castigar 'al rincón de pensar' tampoco funciona, el niño no piensa en su actitud en esos retiros. Sin embargo, es más positivo el castigo educativo, es decir, en vez de utilizar la privación de algo, usar métodos para que los niños entiendan que lo que han hecho tiene consecuencias.

6. Falta de acuerdo entre los padres: es muy común que los padres no tengan el mismo criterio educativo y cada uno aplique el suyo. Sin embargo, esto lo único que hace es confundir al niño. Es preferible hablar entre la pareja sobre cómo actuar antes de dar pautas dispares que hagan que el niño se sienta perdido.

7. Negatividad: los padres tienen a utilizar el 'no' de forma demasiado habitual: 'no subas ahí', 'no saltes', 'no grites'... Por otro lado, si lo que reciben los niños son frases negativas y críticas, tenderán ellos a ser adultos negativos e incluso con baja autoestima.

8. No escuchar a los niños: es muy normal que en una regañina el padre o la madre quiera hacer oír su voz por encima de la del niño, bloqueando cualquier atisbo de defensa o comentario por su parte. Sin embargo, es fundamental escuchar a los hijos y conocer por qué hicieron algo, qué les impulsó a tener una determinada conducta o qué sienten, piensan y creen sobre las cosas.

9. Fomentar el consumismo: a los niños muchas veces se les da de todo y a tempranas edades tienen cualquier juguete que piden o incluso dispositivos tecnológicos. Evitar que los niños se esfuercen y luchen por conseguir las cosas y presentárselas en bandeja sólo crea niños perezosos y con pocas ansias de conseguir objetivos.

10. Olvidar qué es ser niño: los padres tienden a olvidarse que una vez fueron niños, no recuerdan lo que se sentía la volver a casa con un examen suspenso, la sensación al romper ese jarrón favorito de mamá o lo divertido que es saltar encima de la cama. No podemos tratar a los niños como adultos, están en pleno proceso de aprendizaje y necesitan experimentar y probar. Es decir, hay que entenderles.

tema 1

Bienvenidos a nuestro blog
El dialogo entre padres e hijos
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 Para que haya un buen diálogo hay que saber escuchar y, como siempre para ello, no podemos olvidar que los progenitores hemos de hacer malabarismos para encontrar tiempo y entregarlo a nuestros hijos; es el bien más valioso que podemos ofrecerles.

                                            ¿Cómo lograr una buena comunicación? 

Una actitud idónea para que surja el encuentro ideal es la de no ir creyendo que siempre tenemos los mayores toda la razón, ya que esto no es cierto. Escuchando aprendemos y conocemos en profundidad a nuestros hijos, que nos abrirán su corazón si no somos dogmáticos ni rígidos. Ya se ve que, para que haya esa buena comunicación, es muy importante comportarse con la sencillez de quién quiere ayudar, nunca imponer. Podemos ampliar esta reflexión con el tema Comunicación entre padres e hijos 

sábado, 14 de octubre de 2017

tema 2

¿Cómo los padres pueden comunicarse con los hijos? El diálogo en la familia con los hijos




Teoricamente parece fácil, pero en la práctica dialogar con los hijos es una tarea que se consigue desde que ellos son muy pequeños. Hay padres que, con la mejor de las intenciones, procuran crear un clima de diálogo con sus hijos e intentan verbalizar absolutamente todo.

Esta actitud fácilmente puede llevar a los padres a convertirse en interrogadores o en sermoneadores, o en ambas cosas. De este modo, no estarán en el buen camino hacia el diálogo familiar. Escuchar, muchas veces, es la vía más recomendable.

4 consejos para dialogar y escuchar a los hijos

 1 . A los padres que solo verbalizan, los hijos acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con la enseñanza. El silencio es un elemento fundamental en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es necesario que los silencios permitan la intervención de todos los participantes.


2. Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar a los demás. Cuando eso sucede, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con frecuencia se da entre padres e hijos. Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Escuchan poco a sus hijos o, si lo hacen, es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los hijos. Esta situación es frecuente con hijos adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paterno-filiales: creer que con un discurso se puede cambiar a una persona.


3. Dejar hablar a los hijos. A través del diálogo, padres e hijos se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por este motivo, transmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar. Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad, no habrá diálogo.


4. Mostrar seguridad. La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores. Hay que tener presente que la familia es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.






tema 3

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