¿Cómo los padres pueden comunicarse
con los hijos? 

Teoricamente parece fácil, pero en la práctica dialogar
con los hijos es una tarea que se consigue desde que ellos son muy
pequeños. Hay padres que, con la mejor de las intenciones, procuran
crear un clima de diálogo con sus hijos e intentan verbalizar
absolutamente todo.
Esta actitud fácilmente puede llevar a los padres a convertirse en interrogadores o en sermoneadores,
o en ambas cosas. De este modo, no estarán en el buen camino hacia el
diálogo familiar. Escuchar, muchas veces, es la vía más recomendable.
4 consejos para dialogar y escuchar a los hijos
1 . A los padres que solo verbalizan, los hijos acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con la enseñanza. El silencio es un elemento fundamental en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es necesario que los silencios permitan la intervención de todos los participantes.
2. Junto con el silencio está la capacidad de escuchar.
Hay quien hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar a los
demás. Cuando eso sucede, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y
acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es
la que con frecuencia se da entre padres e hijos. Los primeros creen que
estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus
opiniones. Escuchan poco a sus hijos o, si lo hacen, es de una manera
inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los
argumentos de los hijos. Esta situación es frecuente con hijos
adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paterno-filiales: creer que con un discurso se puede cambiar a una persona.
3. Dejar hablar a los hijos.
A través del diálogo, padres e hijos se conocen mejor, conocen sobre
todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar
sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una
conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la
convivencia. Por este motivo, transmite y educa mucho más la convivencia
que la verbalización de los valores
que se pretenden inculcar. Por otro lado, todo diálogo debe albergar la
posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del
otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las
condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad, no habrá diálogo.
4. Mostrar seguridad.
La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga
en sí mismo cada uno de los interlocutores. Hay que tener presente que
la familia es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en
ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer
actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.
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